sábado, 13 de diciembre de 2008

Los saberes de mis estudiantes

Por: Gabriela García Ortiz

A. Lo que nuestros estudiantes saben hacer en Internet

Con base en mi experiencia como docente de la asignatura de Tecnologías de la Información y la Comunicación y en una encuesta que apliqué a una muestra no probabilística de 15 estudiantes de primer semestre del CBTis No. 47, los estudiantes saben:

1. Conversar o chatear en programas en línea como el Windows Live Messenger.
2. Crear una cuenta de correo electrónico en sitios web como Hotmail y Yahoo, y administrarla eficientemente.
3. Escuchar música y bajar canciones.
4. Ver, subir y descargar videos.
5. Jugar.
6. Investigar información para los contextos personal, académico y laboral.
7. Intercambiar información en foros.
8. Descargar programas de computadora.
9. Crear web blogs y comunicarse mediante ellos.
10. Publicar su página web.


B. ¿Cuál es la estrategia que construimos con ellos para aprovechar esos saberes en las actividades de aula?

La estrategia es promover una alfabetización funcional correcta que se pueda aprovechar eficaz y eficientemente en el ámbito escolar. Para concretar esta estrategia, seleccionaré el submódulo “Elaboración de documentos electrónicos mediante software de aplicación”; luego planificaré un proyecto donde los estudiantes y yo utilizaremos el Internet para diversas acciones:

Cuenta de correo electrónico. Al inicio del proyecto, los estudiantes crearán una cuenta de correo exclusiva para comunicarse con sus compañeros de equipo, con personas que les provean información y conmigo.

Web blog. Al inicio del proyecto, los estudiantes crearán un web blog que servirá como bitácora. Durante el desarrollo, registrarán las competencias que desplieguen, y las percepciones y los cambios que experimenten durante el desarrollo del proyecto.

Chat. Durante el desarrollo del proyecto, nos conectaremos al Messenger para aclarar dudas e intercambiar archivos.

Búsqueda y descarga de información. Durante el desarrollo del proyecto, los estudiantes utilizarán buscadores como Google y aplicarán estrategias de búsqueda avanzada para encontrar información relacionada con su trabajo.

Ver, descargar y subir videos. Durante el desarrollo del proyecto, los estudiantes buscarán videos alusivos al tema del proyecto. Además, subirán el video que filmen sobre el trabajo inicial, intermedio y final que demostraron durante el proyecto.

C. ¿Quiénes van a enseñar a quiénes, qué les enseñarán y dónde lo harán?


En primer lugar haré un diagnóstico para determinar los alumnos que tienen conocimientos sobre alguno de los cinco usos del Internet mencionados en el punto A. Luego, diseñaré con ellos una práctica para enseñar al resto del grupo estos usos en los laboratorios de cómputo del CBTis No. 47.

Mi aventura de ser docente

Durante la lectura del texto “La aventura de ser maestro” de José Manuel Esteve, recordé diversas experiencias agradables y desagradables que he vivido como docente. Coincido con él, si quiero ser una maestra feliz debo ser una maestra de humanidad. En esta sociedad repleta de información, es primordial ayudar a los estudiantes a comprenderse a sí mismos y a comprender el mundo que les rodea; en otras palabras, rescatar el valor humano del conocimiento. Es en este punto, donde cobran vida las 11 competencias genéricas que promueve el Sistema Nacional de Bachillerato.

Después de varios años de aprender a ser profesora por ensayo y por error, he comprendido que sólo me apasiona dar clases cuando me cuestiono qué sentido tiene explicar un tema determinado a un grupo de jóvenes, qué voy a aportar y qué espero lograr, cómo voy a captar su atención, sus conocimientos y experiencias previas, y cómo engarzar éstos con los nuevos contenidos que explicaré. Para llegar a este punto, tuve que estudiar cuestiones pedagógicas. Por lo tanto, mi aventura de ser maestra llevó consigo la renovación pedagógica para no “enmohecer”.
Esteve (2003) explica cuatro dificultades que sortea una persona que decide dedicarse la docencia.
La primera es elaborar la propia identidad profesional. Cuando me inicié en la docencia, enfrenté los problemas del profesor de secundaria descrito por Esteve. Ignoraba cómo organizar una clase, cómo lograr orden en el aula y cómo ganarme la atención de los estudiantes. Asimismo, no comprendía que mi trabajo como docente era estar al servicio del aprendizaje de los alumnos y por lo tanto, explicaba con un nivel de complejidad elevado no pertinente al de los bachilleres de 15 y 16 años de edad.
La segunda es lograr ser un buen interlocutor. Durante mis primeros años de docente, desconocía técnicas de comunicación grupal y no dominaba los códigos y los canales de comunicación –verbales, gestuales y audiovisuales- que se suscitaban en el aula. Paulatinamente, descubrí en qué momentos de la clase tenía que utilizar el tono grave y pausado, y el tono agudo.
La tercera dificultad a sortear es el conseguir la disciplina. A mí me sucedió lo del colega que entra el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio… recuerdo la barrera que levantaba entre mis alumnos y yo para mantener el control y la disciplina en el aula. Honestamente me disgustaba esa apariencia que mostraba, no era yo. Afortunadamente, aprendí estrategias de negociación y a establecer límites a los alumnos que me permitieran trabajar con seguridad y en un ambiente agradable.
La cuarta dificultad es adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. En este punto, recuerdo perfectamente que a mis alumnos les encargaba realizar actividades de aprendizaje que me habían solicitado mis profesores en los primeros años de la carrera universitaria. No me había bajado de mi pedestal de investigadora especialista. ¡Qué horror! Aunque debo reconocer que me agradó descubrir que muchos estudiantes aceptaron el reto y lograron el objetivo.

Para concluir, puedo decir que estoy plenamente convencida que enfrentaré el reto de ser una maestra de humanidad. Los años en lo que he aprendido por ensayo y por error argumentan mi postura.
Gaby
Entre la docencia y mi profesión

¡En 1993 decidí ser docente! Un año antes de terminar la carrera de Licenciada en Informática, tuve la oportunidad de impartir clases en la carrera técnica en Computación que se ofrecía en el CBTis No. 47. Mi madre, docente de ese plantel, me informó que el director necesitaba un docente para el área computacional y por lo tanto, le presenté mi currículum. Después de analizar la propuesta que me explicó el director, con gusto acepté por dos motivos: el primero es que siempre he tenido habilidad para explicar algún tema y el segundo es que me agrada el ambiente académico.

Ser docente no ha sido una actividad sencilla. Cuando me inicié en ella, pensaba que era suficiente dominar el tema; ¡qué equivocada estaba! Desconocía las funciones del docente, los procedimientos para realizar el encuadre del curso, el avance programático y el plan de una clase, y además, evaluaba a mis alumnos únicamente con el examen escrito. Por otra parte, mantenía el orden en el salón de clases con castigos y regaños. ¡Qué tiempos aquellos! Afortunadamente superé estas deficiencias. En diversos cursos de didáctica y en el doctorado en innovación educativa, aprendí paulatinamente algunas herramientas para mejorar mi quehacer docente.
Hoy con orgullo expreso que ser docente me hace sentir muy feliz. Amo mi profesión de Licenciada en Informática y la he aplicado productivamente en la docencia. Soy una profesora que le gusta aprender continuamente, aplicar los conocimientos e innovar en el salón de clases. Ser docente en educación media superior ha significado una gran superación académica y profesional por diversos motivos: he ayudado a formar profesionistas exitosos, he participado en la reforma educativa elaborando programas de estudio, he impulsado la investigación educativa en mi estado y país, he escrito dos libros (uno como coautora de un compendio de secuencias didácticas y el otro como autora del libro de Tecnologías de la información y la comunicación).
Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas, también he tenido motivos de insatisfacción. Algunos he podido controlar pero otros no. Por ejemplo, al inicio de mi actividad como docente, sentía muchísima impotencia y enojo porque algunos jóvenes eran apáticos al estudio y por consiguiente reprobaban. Cuando adquirí habilidades para motivarlos y mejorar sus hábitos de estudio, me sentí mejor. En ese entonces, aunque admito que todavía lo deseo, expresaba “¡Quiero tener una varita mágica para ayudarlos a desarrollar sus habilidades del pensamiento, a modificar sus hábitos de estudio, a tener motivación intrínseca hacia el estudio, a leer más libros, etc.!” Otro motivo de insatisfacción que no puedo controlar es la presencia desmesurada de distractores en el ambiente que perturban a los jóvenes, tal es el caso de los celulares y su uso incorrecto. Afortunadamente, los directivos y los docentes en mi plantel estamos conscientes de este problema y estamos diseñando estrategias para resolverlo.
Gaby