¡En 1993 decidí ser docente! Un año antes de terminar la carrera de Licenciada en Informática, tuve la oportunidad de impartir clases en la carrera técnica en Computación que se ofrecía en el CBTis No. 47. Mi madre, docente de ese plantel, me informó que el director necesitaba un docente para el área computacional y por lo tanto, le presenté mi currículum. Después de analizar la propuesta que me explicó el director, con gusto acepté por dos motivos: el primero es que siempre he tenido habilidad para explicar algún tema y el segundo es que me agrada el ambiente académico.
Ser docente no ha sido una actividad sencilla. Cuando me inicié en ella, pensaba que era suficiente dominar el tema; ¡qué equivocada estaba! Desconocía las funciones del docente, los procedimientos para realizar el encuadre del curso, el avance programático y el plan de una clase, y además, evaluaba a mis alumnos únicamente con el examen escrito. Por otra parte, mantenía el orden en el salón de clases con castigos y regaños. ¡Qué tiempos aquellos! Afortunadamente superé estas deficiencias. En diversos cursos de didáctica y en el doctorado en innovación educativa, aprendí paulatinamente algunas herramientas para mejorar mi quehacer docente.
Hoy con orgullo expreso que ser docente me hace sentir muy feliz. Amo mi profesión de Licenciada en Informática y la he aplicado productivamente en la docencia. Soy una profesora que le gusta aprender continuamente, aplicar los conocimientos e innovar en el salón de clases. Ser docente en educación media superior ha significado una gran superación académica y profesional por diversos motivos: he ayudado a formar profesionistas exitosos, he participado en la reforma educativa elaborando programas de estudio, he impulsado la investigación educativa en mi estado y país, he escrito dos libros (uno como coautora de un compendio de secuencias didácticas y el otro como autora del libro de Tecnologías de la información y la comunicación).
Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas, también he tenido motivos de insatisfacción. Algunos he podido controlar pero otros no. Por ejemplo, al inicio de mi actividad como docente, sentía muchísima impotencia y enojo porque algunos jóvenes eran apáticos al estudio y por consiguiente reprobaban. Cuando adquirí habilidades para motivarlos y mejorar sus hábitos de estudio, me sentí mejor. En ese entonces, aunque admito que todavía lo deseo, expresaba “¡Quiero tener una varita mágica para ayudarlos a desarrollar sus habilidades del pensamiento, a modificar sus hábitos de estudio, a tener motivación intrínseca hacia el estudio, a leer más libros, etc.!” Otro motivo de insatisfacción que no puedo controlar es la presencia desmesurada de distractores en el ambiente que perturban a los jóvenes, tal es el caso de los celulares y su uso incorrecto. Afortunadamente, los directivos y los docentes en mi plantel estamos conscientes de este problema y estamos diseñando estrategias para resolverlo.
Gaby

Buen Día Maestra Gaby:
ResponderEliminar“Recordar es volver a vivir”, verdad, a veces es bueno recordar nuestros inicios y darnos cuenta lo que hemos avanzado desde entonces, yo también comparto contigo la insatisfacción de ver a los alumnos con una gran apatía por estar en la escuela y que a veces van contagiando a los demás, y hay que encontrar nuevas dinámicas que les haga interesarse por la actividad que van a hacer.
Aprovecho para invitarte a mi blogg, la dirección es http://trabajos-margarita.blogspot.com, recibe un gran saludo y que tengas un bonito día.